Ser espontáneos.

La espontaneidad es un regalo que a medida que los años pasan, es más complicado de dar y recibir.

No es dulce en todas las ocasiones que nos la regalan,  alguna vez nos deja un gusto amargo, pero es agradable  sentir que algo auténtico nos ha llegado.

Es más fácil encontrarla en los niños, por eso nos arrancan tantas sonrisas ó también, porque no, algunas lágrimas.

Con sus miradas, sus preguntas, su cariño, sus palabras… nos regalan tanta confianza  que nos hacen sentir seguros en su mundo y dichosos por formar parte de él.

Todos los que en este momento somos adultos fuimos niños, con el  tiempo hemos ido aprendiendo a defendernos, a protegernos y a ser menos espontáneos. Creemos que así garantizamos  nuestra paz con el mundo exterior.

Quizás, sólo quizás, acertemos en nuestra decisión  y logremos mantenernos a flote en nuestro entorno ,pero ¿no habéis pensado que quizás os estáis rodeando de personas  que poco ó nada tienen en común con vosotros?.

El ser espontáneo es arriesgado, pero merece la pena serlo. Sólo demostrando quienes somos podremos atraer a las personas ó cosas que nos complementan y que nos regalarán buenos momentos.

No importa si llevamos años sin practicar, podemos empezar por pequeñas cosas, como por ejemplo: ser el primero en saludar, en tender la mano, en sonreír. Si  de verdad lo sientes..¿para qué esperar?.

Son sentimientos que  transformados en detalles, fuera de nosotros nos aportarán  mucho más que manteniéndolos dentro.

No siempre saldremos ganado, pensarás. Yo creo que sí, aunque necesitemos tiempo para asimilar que muchas veces ganamos perdiendo.

Aligeremos tensiones, seamos nosotros quienes  llevemos  las riendas de nuestro comportamiento. Si nos  preocupamos tanto en cómo debemos actuar, dejamos de ser nosotros mismos.

Lali Vilas Pirla.

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