¿Cuántas veces escuchamos sin prestar atención?.
Algunas veces asentimos con la cabeza mientras miramos con fingido interés a nuestro interlocutor, quien con afán de hacerse entender, realza sus argumentos apoyándose en gestos con las manos, sonrisas, muecas de desagrado e incluso variando el tono de voz .
Pero no nos engañemos; si tenemos nuestro pensamiento en otro lugar, ese intento cae en saco roto, al igual que nuestro esfuerzo por mantener el hilo de la conversación.
Así pasa con tantas y tantas cosas en la vida, que me pregunto:
¿Cuánto esfuerzo, tiempo y energía habré malgastado por no saber reconducir una situación incómoda o carente de interés?.
Me asusta la respuesta; me da la sensación de haber invertido mal este bien tan inexacto como es el tiempo que todos tenemos a nuestra disposición mientras dure nuestra existencia. Es decir, me preocupa pensar que no he aprendido nada después de haber hecho tan mala gestión de lo que hasta ahora es mi vida.
Cuando centramos nuestras fuerzas en evitar conflictos y no queremos enfrentarnos a los demás por distintos motivos, en la base de todo esto se encuentra el miedo en varias de sus facetas:
Miedo a hacer daño a los demás, miedo a hacernos daño a nosotros mismos, miedo a equivocarnos. Siempre girando sobre lo mismo.. el miedo.
Pero si el miedo es algo tan intangible e invisible que tan solo podemos sentir. ¿Cómo se instala dentro de nosotros?. ¿Qué rendija, qué punto débil encontró para actuar sin ser visto y hacernos tan vulnerables?.
Cuando nuestra necesidad en agradar a los demás es algo que desde pequeños nos inculcan que hagamos e intentamos hacer a pesar de los tropiezos y descontentos que nos encontramos por llevar esto a cabo, cuando agradarnos a nosotros mismos está en un segundo plano, el primer puesto lo ha ocupado el miedo a no cumplir con las expectativas que un día nos marcaron para el resto de nuestra vida.
He comprendido que no es fácil romper con todo esto. Resulta más cómodo ser dócil y consentir seguir viviendo así, que enfrentarse al miedo, sentarlo en la última fila ó invitarle amablemente a salir de mi vida.
Llevo tantas conversaciones a medio escuchar, tantas vivencias a medio vivir y tantas oportunidades malgastadas que ya la comodidad me resulta incómoda y se está rasgando el miedo y a pesar de su resistencia.. algo está cambiando.
No se puede vivir toda la vida, viviendo solo a medias.
Lali Vilas.

