Clavos en el alma, marcas en el corazón

Cada día intento hablar más sin pensar y cada día intento separar la emoción de lo que dirán mis palabras después.

Cada día también intento, utilizar la cabeza en primer lugar y el corazón en segundo, aunque no siempre sea el orden en el que quiero las cosas en ese momento…

Y cada día entiendo menos a la humanidad, entiendo menos que se pueda tratar la amistad como moneda de cambio y que a menudo lo que se intercambia por otra cosa es la amistad más pura. Supongo porque se da por hecho que siempre el bueno va entender.

Y después imagino, viene la crítica o a saber qué, la verdad es que no tiene la mínima importancia una vez el cambio está hecho.

Y a mí se me queda una cara de no entender nada y un vacío interior lo suficientemente grande para saber que ya no vale la pena.

El amor siempre será amor, pero esta vez…no está reñido con el olvido.  Así que creo que es hora de pasar página y seguir caminando como siempre he hecho, firme,sonriendo y hacia adelante.

Me encanta esta historia porque me hace reflexionar que el corazón siempre perdona,   el amor es amor, pero queda marcado para siempre. En mi caso solo decir, que le pondré una tirita más al mío.

Que la disfrutéis. Un beso para todos, hasta para aquellos que se alejan.

Diana Llapart – Grupo AMTH

Esta es la historia de un muchacho que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavó 37 clavos. Las semanas que siguieron, a medida que aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta, hasta que descubrió que era más fácil controlar su genio que atravesar la madera con unos clavos. Fue entonces, que pudiendo controlar su carácter durante todo el día, informó a su padre, quien le sugirió que retirara un clavo por cada día que lograra apaciguar su ira. Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban más clavos que retirar de la puerta… entonces su padre le tomó de la mano, lo llevó hasta ella y le dijo: “Has trabajado duro hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves. Puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, puedes atacar a otros para apaciguar y volcar tu propia rabia en ellos, incluso puedes provocar malestar a alguien a quien ves feliz porque tú no lo eres, pero recuerda siempre que el modo como hables puede devastarlo y la cicatriz, aunque hayas sido perdonado de corazón, perdurará para siempre, igual que estas marcas en la madera.” 

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